- Por El Comercio
Conversamos con Camilo Sanabria, el artista colombiano detrás de la música de “Cien años de soledad”, serie que adapta la aclamada novela de Gabriel García Márquez. ¿Cómo llevar a la pantalla algo que funciona tan bien en papel?
En su primera escena, “Cien años de soledad” de Netflix presenta una casa en ruinas. Las hiedras se abren camino por la madera, entre la cortina y el alféizar; el polvo y la humedad reclaman lo que alguna vez fue territorio humano y que ahora, en un tiempo indefinido, es el reino de las hormigas. Las imágenes parecen calcadas de la novela que Gabriel García Márquez publicó en 1967 y que en buena parte se convirtió en sinónimo del realismo mágico, sin ser la primera obra del género. Y al tratarse de una novela tan influyente, desde antes del estreno ya se debate si era o no necesario trasladar a la pantalla lo que alguna vez fue solo del papel.
Mientras la novela solo involucra a dos personas en esencia ―al que escribe y al que edita―, una serie de televisión es trabajo de multitudes. Fotografía, vestuario, maquillaje, utilería, iluminación y más disciplinas se juntan para darle forma a la narración. Y entre ellas está la música, que en al menos en esta novela de Gabo no está presente y que había que crear desde cero respondiendo una pregunta: ¿A qué suena Macondo?
“Macondo fue algo muy especial de crear, porque no hay unos referentes claros de música en la novela”, contó a El Comercio Camilo Sanabria, compositor de la música de “Cien años de soledad”, sin duda su trabajo más importante hasta la fecha. “Macondo es como esta creación del mundo nuevo, es la historia de Latinoamérica, tal vez. Entonces fue muy especial para mi buscar ese sonido. Y ese sonido tenía que ser muy especial, un sonido único. Yo empecé a experimentar con sonidos muy básicos, con tambores, a jugar con el viento”, dijo el músico, quien tuvo como mentor Alexandre Desplat, ganador del Oscar por “El Gran Hotel Budapest” y “La forma del agua”. También es fan de Shakira.
En resumen la música de Macondo, este pueblo ficticio donde se desarrolla la novela, empieza con sonidos primarios y, mientras la ciénaga se abre al mundo, estos se complejizan. La serie trabaja con gaita colombiana, con tambores, con elementos indígenas y afro. Y con la voz humana, como es el caso de la cantora Elena Hinestroza, presente en la primera canción de la serie, que al decir sus notas sella una boda entre la tristeza y el misterio. “La música indígena es muy lamentosa, contrario a lo que uno piensa, que es que explosiva y llena de vida”, dijo Sanabria.
¿Es intimidante trabajaren una adaptación que desde ya es polémica? “Se siente uno intimidado, es verdad. Y algún productor me dijo ‘usted tiene que olvidarse de eso y tiene que hacer su trabajo como lo ha hecho siempre, como lo ha hecho con las películas’. Mi proceso de composición de música original es el que he hecho toda la vida”, dijo el músico, quien leyó el libro por obligación cuando estaba en el colegio.
Si bien la prosa de Gabo fue muy musical (cómo no encontrar ritmo en sus descripciones), no es algo que haya influenciado la composición para esta serie, cuya música más bien bebe de influencias varias, llega a ser bastante ecléctica, como la misma Latinoamérica. Como aquellos que colaboraron para darle sonidos a este Macondo que por primera vez deja las páginas y adquiere aspecto físico. Allí está, por ejemplo, el trabajo del peruano Sebastián Torres, que colaboró en esta historia como percusionista.

/ Pablo Arellano / Netflix
La entrevista completa, a continuación.
― ¿Cómo fue tu primer acercamiento a esta novela de Gabo? ¿Te la pidieron leer en el colegio? ¿La leíste de adulto, tal vez?
Era una era una lectura obligada en el colegio. Y después tuve que retomarla obviamente. Y digamos que esto fue algo increíble porque uno siente la responsabilidad de qué va a hacer con esta gran obra de la literatura universal. Pero algo que tuvimos que hacer tal vez todos era un poco olvidarse el libro, estábamos entrando en un nuevo lenguaje, en el lenguaje audiovisual. Entonces para mí eso fue muy importante, tratar de olvidar un poco el lenguaje del libro.
― Imagino que trabajar profesionalmente con una obra así es intimidante.
Se siente uno intimidado, es verdad. Y algún productor me dijo ‘usted tiene que olvidarse de eso y tiene que hacer su trabajo como lo ha hecho siempre, como lo ha hecho con las películas’. Mi proceso de composición de música original es el que he hecho toda la vida.
― Cuando uno lee “Cien años de soledad” piensa en muchas cosas, pero la música no es precisamente una de ellas. ¿Tú te imaginas música cuando lees algún libro?
¿Sabes que no? Realmente la música distrae mucho. Yo siento que [al leer] estoy como con mi voz interior, a menos que el escritor esté referenciando algo muy puntual. Pero no es algo que haga.

/ Mauro González / Netflix


Deja un comentario